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22.5.09

La lluna: farmacopoesia màgica per a malalties de l'esperit


Ai, la lluna i el seu encís... És com una gota de màgia que s'espolça a les nits. Però el que tal vegada no sabeu és que la lluna també cura; clar, en funció de la malaltia s'ha de prendre d'una o d'altra manera -això si, sense prescripció mèdica, ta sols per prescripció anímica-.


La luna

La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía.
Un pedazo de luna en el bolsillo
es mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
para ser rico sin que lo sepa nadie
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir.
Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas.

La il·lustració és de Wayne Anderson

29.3.09

Allí había una niña: poema infantil de Jaime Sabines




Com transformar la vida quotidiana en poesia, amb un llenguatge clar i senzill? No, no és una tasca fàcil, però el poeta mexicà Jaime Sabines ho aconsegueix a la perfecció, tant en els seus poemes per adults com per al xiquets. Llegiu el següent poema, Állí había una niña, i ho comprovareu.


Allí había una niña

En las hojas del plátano un pequeño
hombrecito dormía un sueño.
En un estanque, luz en agua.
Yo contaba un cuento.
Mi madre pasaba interminablemente
alrededor nuestro.
En el patio jugaba
con una rama un perro.
El sol -qué sol, qué lento
se tendía, se estaba quieto.
Nadie sabía qué hacíamos,
nadie, qué hacemos.
Estábamos hablando, moviéndonos,
yendo de un lado a otro,
las arrieras, la araña, nosotros, el perro.
Todos estábamos en la casa
pero no sé porqué. Estábamos. Luego el silencio.
Ya dije quién contaba un cuento.
Eso fue alguna vez porque recuerdo
que fue cierto.

La il·lustració és de Catnez -Catriel Martínez-.