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14.4.11

Clasificados y no tanto, llibre de poesia per a totes les edats

Acaba de publicar-se, en l'editorial El jinete azul, el llibre Clasificados y no tanto, de Marina Colasanti, poeta brasileira. És una selecció de poemes del seu últim llibre Classificados e nem tanto. Xicotets poemes, quasi haikus, que amb clau d'humor ens fan reflexionar. Són d'aquests poemaris adreçats a lectors de totes les edats i cadascú, segons el seu bagatge personal i literari, gaudir dels versos i apropiar-se'ls. Encara millor, el llibre ens permet compartir lectura entre grans i menuts.

Les il·lustracions de Sean  MacKaoui ajuden a anar més enllà de les pròpies metàfores. Un llibre de poesia interessant per a tot tipus de lectors.

En la altura más alta
de la noria gigante
el niño alza el vuelo
por un instante.


31.3.11

La cruzada de los niños, àlbum poètic il·lustrat



La cruzada de los niños és un llarg poema narratiu de Bertolt Brecht en el que ens conta l'aventura i la penúria que varen passar un grup de xiquets alemanys, polacs i jueus que, fugint de la II Guerra Mundial, van anar ajuntant-se en un poblet derruit de Polònia. Un poema dur i que cal conèixer.

Ara tenim l'oportunitat de poder llegir-lo i difondre'l entre els xiquets i joves, amb un preciós àlbum il·lustrat poètic que acaba d'editar El Jinete Azul. Les meravelloses il·lustracions de Carme Solé Vendrell donen vivacitat als versos i ajuden, encara més, a prendre consciència dels horrors que produeix la guerra, encara més entre els xiquets. Un poema que denúncia les situacions bèl·liques i les seues conseqüències. Un poema que, malgrat el pas del temps, té plena vigència als nostres dies i en diferents indrets del món. Un poema que ens ajuda a reflexionar sobre la violència militar i les guerres i ens porta, com no, a defendre dia a dia la PAU.


En Polonia, en el año treinta y nueve,
se libró una batalla muy sangrienta
que convirtió en ruinas y desiertos
las ciudades y aldeas.

Allí perdió la hermana al hermano
y la mujer al marido soldado.
Y, entre fuego y escombros, a sus padres
los hijos no encontraron.

No llegaba ya nada de Polonia.
Ni noticias ni cartas.
Pero una extraña historia, en los países
del Este circulaba.

La contaban en una gran ciudad,
y al contarlo nevaba.
Hablaba de unos niños que, en Polonia
partieron en cruzada.

Por los caminos, en rebaño hambriento,
los niños avanzaban.
Se les iban uniendo muchos otros
al cruzar las aldeas bombardeadas.

De batallas y negras pesadillas
querían escapar
para llegar, al fin,
a algún país en el que hubiera paz.

Había, entre ellos, un pequeño jefe
que los organizó.
Pero ignoraba cuál era el camino,
y ésta era su gran preocupación.

Una niña de once años era
para un niño de cuatro la mamá:
le daba todo lo que da una madre,
mas no tierra de paz.

Un pequeno judío iba en el grupo.
Eran de terciopelo sus solapas
y al pan más blanco estaba acostumbrado.
Y, sin embargo, todo lo aguantaba.
Más tarde se sumaron dos hermanos,
y ambos eran muy buenos estrategas
para ocupar las chozas que en el campo
los campesinos cuando llueve dejan.

También había un niño muy delgado
y pálido que siempre estaba aparte.
Tenía una gran culpa sobre sí:
la de venir de una embajada nazi.

Y un músico, además, que en una tienda
volada había encontrado un buen tambor.
Tocarlo les hubiera delatado,
y el niño músico se resignó.

Y hasta un perro llevaban que, al cogerle,
se disponían a sacrificar.
Pero ninguno se atrevía a hacerlo,
y ahora tenían una boca más.

También había una escuela
y en ella un maestrito elemental.
La pizarra era un tanque destrozado
donde aprendían la palabra «paz».

Y, al fin, hubo un concierto entre el estruendo
de un arroyo invernal.
Pudo tocar el niño su tambor
pero no le pudieron escuchar.

No faltó ni siquiera un gran amor:
quince años el galán, doce la amada.
En una vieja choza destruida,
la niña el pelo de su amor peinaba.

Pero el amor no pudo resistir
los fríos que vinieron:
¿cómo pueden crecer los arbolillos
bajo toda la nieve del invierno?

Hubo incluso una guerra
cuando con otro grupo se encontraron.
Pero viendo en seguida que era absurda,
la guerra terminaron.

Cuando era más reñida la contienda
que en tornó á una garita sostenían,
una de las dos partes
se quedó sin comida.

Al saberlo la otra, decidieron
un saco de patatas enviar
al enemigo, porque sin comer
nadie puede luchar.

A la luz de dos velas
un juicio celebraron.
Y, tras audiencia larga y complicada,
el juez fue condenado.

Hubo un entierro, en fin: el de aquel niño
que tenía en el cuello terciopelo.
Dos alemanes junto a dos polacos
enterraron su cuerpo.

No faltaban la fe ni la esperanza,
pero sí les faltaba carne y pan.
Quien les negó su amparo y fue robado
después, nada les puede reprochar.

Mas nadie acuse al pobre que a su mesa
no los hizo sentar.
Para cincuenta niños hace falta
mucha harina: no basta la bondad.

Si se presentan dos, o incluso tres,
es fácil que cualquiera los atienda.
Mas cuando llegan niños en tropel
las puertas se les cierran.

En una hacienda destruida, harina
hallaron en pequeña cantidad.
Una niña en mandil, de once años,
durante siete horas coció pan.

Amasaron la masa largamente,
la leña, bien cortada, ardía bien,
pero el pan no subió
porque ninguno lo sabía cocer.

Decidieron marchar,
buscando sol, al Sur. El Sur
es donde a mediodía todo
está lleno de luz.

A un soldado encontraron
herido en un pinar.
Siete días cuidándole, y pensaban:
«Él nos podrá orientar.»

Mas el soldado dijo: «¡A Bilgoray!»
Debía de tener
mucha fiebre: murió al día siguiente.
Le enterraron también.

Y los indicadores que encontraban
la nieve apenas los dejaba ver.
Pero ya no indicaban el camino,
todos estaban puestos al revés.

Aunque no se trataba de una broma:
sólo era una medida militar.
Buscaron y buscaron Bilgoray,
mas nunca la pudieron encontrar.

Se reunieron todos con el jefe,
confiados en él.
Miró el blanco horizonte y señaló:
«Por allí debe ser.»

Vieron fuego una noche:
decidieron seguir sin acercarse.
Pasaron tanques, otra vez, muy cerca,
pero iban hombres dentro de los tanques.

Al fin, un día, a una ciudad llegaron,
y dieron un rodeo.
Caminaron tan sólo por la noche
hasta que la perdieron.

Por lo que fue el sureste de Polonia,
bajo una gran tormenta, entre la nieve,
de los cincuenta niños
las noticias se pierden.

Con los ojos cerrados,
dentro de mí los veo cómo vagan
de una casa en ruinas
a otra bombardeada.

Por encima de ellos, entre nubes,
caravanas inmensas
penosamente avanzan contra el viento,
y, sin patria ni meta,

van buscando un país donde haya paz,
sin incendios ni truenos,
tan diferente a aquel de donde vienen.
Y, unidas, forman un cortejo inmenso.

Y, al caer el ocaso, ya sus caras
no parecen iguales.
Ahora veo caras de otros niños:
españoles, franceses, orientales...

Y en aquel mes de enero,
en Polonia encontraron
un pobre perro flaco
que llevaba un cartel de cartón al cuello atado.

Decía: «Socorrednos.
Perdimos el camino.
Este perro os traerá.
Somos cincuenta y cinco.

Si no podéis venir,
dejadle continuar.
No le matéis. Sólo el
conoce este lugar.»

Era letra de niño
y campesinos quienes la leyeron.
Ha pasado año y medio desde entonces.
Desde que hallaron, muerto de hambre, un perro.



10.12.10

¿Sabrá volar el mar?: Poemari infantil per a totes les edats



Us recomanem un llibre encantador, molt bonic... un poemari on els versos van de cor a cor: ¿Sabrá volar el mar? Els poemes són de José Corredor-Matheos i les il·lustracions de Noemí Villamuza, publicat per l'editorial Jinete Azul. 

Són poemes carregats de sentiment, diferents als poemaris que estem acostumats. Trobem diferents gèneres poètics tot jugant amb els versos i la paraula feta sentiment. Poemes per llegir i rellegir, per compartir, per sentir. Sobre el full blanc cobra vida la poesia, junt a les minimalistes i encisadores il·lustracions de Villamuza.

No se'l podeu perdre! Proveu aquest taste:

La abuela mece a la niña, 
la niña la mece a ella.
¿Habrá alguien más feliz
sobre la Tierra?
*

Improvisa canciones 
para que duerma,
la su madre a la niña, 
para que duerma.
Se ha dormido la niña.
Canta la madre.
La canción más hermosa
que oyera nadir


17.6.10

Versos que el viento arrastra: llibre de poesia infantil


S'acaba de publicar el llibre Versos que el viento arrastra, de Karmelo C. Iribarren, amb il·lustracions de Cristina Müller, per l'editorial El jinete azul. Poemes i versos per a xiquets amants de la paraula i la poesia o per als que comencen a endinsar-se en ella. Però la seua lectura va més enllà d'una edat determinada, perquè són poemes que també als adults ens atrapen, ens fan reflexionar, traure els nostres sentiments.

Sense rima però amb molt de ritme, unes vegades candent, altres subtil i d'altres frenètic. Reflexions que fan l'ullet amb una mirada des de la infantesa. Justament és aquesta mirada el que li dona intemporalitat als versos. Les il·lustracions de Cristina Müller arrodoneixen el poemari.

Una interessant lectura per a la tranquil·litat dels temps estiuenc. Molt recomanable!

Los libros
(Karmelo C. Iribarren)
Los libros
no son para mirarlos.
son para tocarlos,
abrirlos
y leerlos,
que es como entrar en ellos.

Prueba y verás.

Te recuerdan
a cuando viajas
a una ciudad diferente,
y todo te parece nuevo,
sorprendente,
y hasta un poco
misterioso.
*
Tarde de verano
(Karmelo C. Iribarren)
Desde aquí,
encajonado
entre los edificios,
el cielo,
más que el cielo,
parece una piscina.
Como si le hubiesen dado la vuelta
al día.