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19.4.19

Los dados eternos: un poema per al DIvendres Sant


Los dados eternos

Dios mío, estoy llorando el ser que vivo;

me pesa haber tomádote tu pan;
pero este pobre barro pensativo
no es costra fermentada en tu costado:
¡tú no tienes Marías que se van!

Dios mío, si tú hubieras sido hombre,
hoy supieras ser Dios;
pero tú, que estuviste siempre bien,
no sientes nada de tu creación.
¡Y el hombre sí te sufre: el Dios es él!

Hoy que en mis ojos brujos hay candelas,
como en un condenado,
Dios mío, prenderás todas tus velas,
y jugaremos con el viejo dado.
Tal vez ¡oh jugador! al dar la suerte
del universo todo,
surgirán las ojeras de la Muerte,
como dos ases fúnebres de lodo.

Dios míos, y esta noche sorda, obscura,
ya no podrás jugar, porque la Tierra
es un dado roído y ya redondo
a fuerza de rodar a la aventura,
que no puede parar sino en un hueco,
en el hueco de inmensa sepultura.


La il·lustració és de Giuseppe Cristiano.

5.2.14

Masa: el poder de la fraternitat i el col·lectivisme, un poema de César Vallejo



 Masa és un poema de César Vallejo que ens parla del poder que tenim les persones quan totes juntes lluitem contra qualsevol problema o adversitat. La fraternitat pot vencer-ho tot, inclòs la mort. L'individualisme ens fa febles.

Ara podem llegir el poema en un llibre àlbum preciós, Masa, que ha editat Conaculta dins de la seua col·lecció Había otra vez (una interessantíssima col·lecció que edita obres que no han estat escrites per a xiquets, però que són capaços de conquerir nous lectors infantils, gràcies també a la seua innovadora i original proposta gràfica). El llibre-poema es complementa amb les escultures d'Antonio Santos i que arrodoneix i es complementen a la perfecció amb el poema (llàstima que el llibre siga difícil d'aconseguir ací)

Us fiquem el poema, fantàstic, però el mateix poema al llibre encara resulta molt més proper:

Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: «No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Se le acercaron dos y repitiéronle:
«No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando: «Tanto amor, y no poder nada contra la muerte!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: «¡Quédate hermano!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces, todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporose lentamente,
abrazó al primer hombre; echose a andar.